¿Seguro que «sí»?

Con cada "sí" que das, estás diciendo "no" a otra cosa. Elige bien.
Tania CaMon

Tania CaMon

Vamos a encontrar el equilibrio entre todas las áreas de tu vida.

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¿Eres de las que dices «sí» cada vez que te piden algo?. Yo culpable. Lo hago casi siempre. Suelen ser «pequeñas» cosas, «pequeños» favores, «pequeñas» consultas, …¿pequeñas?

Lo cierto es que cada vez que accedemos a hacer algo para alguien, le estamos regalando nuestro tiempo. Y ¡claro que es genial que esto sea así!. Está bien colaborar y ayudar a los demás, pero debemos tener plena consciencia de lo que esto supone.

Cada «sí» que das, está suponiendo un «no» a otra cosa. Como toda cuestión con dos opciones opuestas, elegir una de ellas, siempre es a costa de la otra. Y por eso, debemos ser conscientes de todas aquellas veces que, con poca reflexión, decimos que sí a los demás.

Ahora bien, tampoco digo que la solución pase por decir que «no» siempre. Lo que propongo es una invitación a la reflexión, a saber que cualquier «sí», significa «no» a otra cosa, y viceversa; y que cuando el «sí» es para los demás, normalmente el «no» es a una misma.

Es importante reflexionar, porque  lo peor de todo, es que muchas veces decimos «sí» por quedar bien, por no defraudar, por creer que hacemos felices; pero, finalmente, no podemos cumplir, y ese «sí» inicial se acaba convirtiendo en un «no», que es el que va a romper las expectativas que habíamos creado, y por tanto, causar rechazo. Porque lo que está claro, es que cuando decimos sí a alguien, debemos cumplir con nuestra palabra.

Asi que voy a reivindicar el «si» condicional, que no parece que tenga mucha diferencia, pero para empezar tiene una evidente, la tilde en la «i». El «sí» afirmativo es categórico, con esa tilde que le da fuerza, mientras que el «si» condicional está sujeto a otra cosa. Es tan simple como ante una pregunta como por ejemplo «¿Me puedes acompañar esta tarde al cine?», contestar ese «sí» rotundo que te acaba de comprometer la tarde; o un «Tengo que hacer unos recados, si me da tiempo voy contigo. Luego hablamos»…¿Cómo lo veis?

Y sobre todo, me parece muy importante abordar este tema y sus diferentes puntos de vista, más allá del trabajo de asertividad y toma de conciencia, qué también. Pero lo cierto es que no soy gran experta en este tema, sino más bien, muy novata y con mucho que aprender.

Pero sí me interesa mucho este asunto desde el punto de vista femenino. Porque, ¿estáis de acuerdo conmigo en que generalmente la sociedad hace buenas a las mujeres que se dedican a los demás, que van encadenando «síes» a todo?

Perpetuamos, queriendo o sin querer, la concepción de mujeres generosas, preocupadas por todo el mundo, pendientes de que su entorno esté siempre bien, aún a costa de su propio bienestar. Y de esta manera, lo que estamos consolidando es la aceptación del cuidado femenino, y por tanto, creando el sentimiento de culpa en aquellas mujeres que en ocasiones, pocas o muchas da igual, queremos y decimos que «no». Asi que ha llegado el momento de reivindicarnos, como ya apuntaba en el post «Be egoísta, my friend».

Debemos cuestionar la manera en la que hemos sido criadas, en la creencia de que siempre debemos intentar complacer a los demás. Está muy bien, es necesario, pero igual de necesario es ser complaciente contigo, dedicarte tiempo para ti, de calidad, y libre de culpas.

¿Qué pasa si no vas a ese cine por el único motivo de que pensabas pasar la tarde sola en casa leyendo? Absolutamente nada, es buenísimo.

Vamos a reivindicar los «me time», esos tiempos diarios, sí, sí, diarios, en los que bloqueamos espacio para nosotras, para algo que realmente nos llena, que puede ser tumbarte a la bartola o ponerte a escribir un libro. Eso es lo de menos.

Yo he empezado, y ¡coño!, qué bien sienta. Sobre todo cuando a base de práctica, vas consiguiendo hacer lo que realmente quieres sin que la culpa se atreva ni siquiera a asomarse por la puerta.

¿Qué me dices? ¿Eres del club del «sí» a todo, o eres capaz de decir que «no» para regalarte tiempo?

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