Gestionar la culpa en los cuidados

El punto de partida para soltar la culpa como cuidadora es tomar responsabilidad, dejar el papel de víctima y ser proactiva.
Tania CaMon

Tania CaMon

Vamos a encontrar el equilibrio entre todas las áreas de tu vida.

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El rol de cuidados ha pertenecido casi en exclusiva a la mujer durante varias generaciones. Y actualmente, somos nosotras las que seguimos desarrollándolo de manera prioritaria, pero en unas circunstancias bien diferentes al que lo hacían las mujeres de generaciones anteriores.

Hace un tiempo ya reflexionaba sobre esto aquí pero creo que el tema es tan fundamental, e incluso se ha hecho más latente con el contexto que estamos viviendo, que me parece importante retomarlo y ampliarlo desde el punto de vista de cómo podemos gestionar la culpa como cuidadoras.

Personalmente, fui consciente de este sentimiento de culpa, cuando mi papel de hija se volvió casi tan importante como el papel de madre, al diagnosticarle a mi madre una enfermedad neurodegenerativa. Fue a partir de ese momento, y cuando llegué a sentirme tan sobrepasada que decidí tomar acción, plantearme seriamente y con responsabilidad, la importancia de compaginar mi papel de madre, el de hija y el de profesional; sin olvidarme de mí.

Como mujeres cuidadoras nos cuesta gestionar esta pata, la de atendernos a nosotras, que en muchos casos sí lo hacemos, pero con culpa o pidiendo permiso. Y muchas veces no es hasta que llegamos a una situación límite cuando somos conscientes de que nos estamos dejando de lado. Y otras veces, aún peor, la situación se nos va de las manos y es el propio cuerpo es que chilla «Stop» y nos obliga a parar.

Si algo he aprendido de mi experiencia profesional, y después la personal, es el precio de gestionar esa culpa. En el caso de la maternidad, cada vez hay más altavoces que sirven para normalizar este papel de cuidados. Pero cuando nos encontramos ante la situación de tener que ejercer el papel de cuidadora de una persona dependiente (bien como hija, como nuera, como hermana, incluso también como madre, etc.) la cosa cambia.

En primer lugar, porque nos tenemos que enfrentar, a diferencia de con la maternidad (que normalmente va a ser un evento feliz en nuestras vidas), a la enfermedad. Y esto siempre es difícil. Por lo tanto, el inicio de este nuevo rol, va acompañado de un proceso de duelo de aceptar la enfermedad, con la dificultad añadida, de que es un duelo en vida; y no siempre es reconocido y entendido. Pero hacer una correcta gestión de este duelo es condición imprescindible para afrontar el rol de cuidadora de manera sana y tomando acción para integrarlo en nuestra vida. Asi que, si es necesario, hay que buscar ayuda externa para conseguirlo.

Además, tenemos que aprender a ejercer ese nuevo rol de cuidados, con la dificultad añadida de convivir en mayor o menor medida con esa persona dependiente, que en muchas ocasiones, sin querer, te va a robar parte de tu espacio.

Por eso, la primera idea importante que me gustaría compartir para que reflexiones sobre ella, es que nadie te va a colocar en el lugar en el que tu misma no te coloques. No puedes exigir a los demás lo que tú misma no te estás permitiendo. Deja de pedir fuera lo que tú no te estas trabajando dentro. Y en este sentido, como ya explicaba hace tiempo, hay que ser un poco egoísta.

Vamos a decidir en qué sitio queremos estar y luego ya veremos qué vamos haciendo para situarnos ahí.

Si algo me parece fundamental para gestionar la culpa es la necesidad de que seamos proactivas, nos hagamos responsables de la situación que tenemos delante, y estemos dispuestas a ir tomando decisiones. Vamos a aceptar primero la «mano» que nos está tocando en la partida, y una vez que tenemos plena conciencia de la situación, vamos a tomar acción y decisión.

Para mí, gestionar la culpa desde la proactividad, se basa en 3 ideas clave:

  1. Agéndate tiempos innegociables para ti. Debes bloquear momentos de dedicación personal, que son tan importantes como los que reservas para atender o cuidar a otras personas. Evidentemente las circunstancias particulares serán diferentes, pero siempre se puede reservar este tiempo. Para las que pensáis «para mí es imposible, no tengo entorno en el que apoyarme» siempre podrás programar tiempo de descanso de manera consciente, regalarte media hora por la mañana o por la noche, aunque se la tengas que quitar al sueño, para dedicársela a algo que te guste. Tiempo agendado, cada semana y libre de culpa. Y comunicado a tu entorno, porque al final, cuando compartes, el compromiso es más firme. El reto al que te tendrás que enfrentar para conseguir este tiempo innegociable es delegar y confiar. Tú forma de hacer las cosas no es la única ni la mejor. El cuidado que delegues debe basarse en la confianza de que la otra persona lo hará bien, aunque lo haga diferente a ti.
  2. Aprende a pedir ayuda. No puedes asumir que el resto de tu entorno va a saber cuándo necesitas o quieres tiempo para ti misma (para salir, para cuidarte, para hacer cosas personales, «whatever»). Y sin duda, el mayor reto al que te vas a enfrentar para pedir ayuda, es que pierdas el miedo o vergüenza a mostrarte vulnerable. Suelta la capa de heroína, no puedes con todo, ni debes aspirar a ello, y sí debes pedir lo que necesitas de manera clara y explícita. Un ejemplo muy sencillo: cuando somos madres y vienen a vernos a casa, cualquiera se va a ofrecer a cogerte al bebé para bañarle o cambiarle el pañal. Si tú prefieres que te limpien el baño o te hagan comida para el día siguiente, pídelo o después no te quejes.
  3. No te compares y confía en que todo lo que se hace desde el amor es la respuesta adecuada para ti. Cada familia tiene unas circunstancias particulares y debe ajustar su realidad a ellas. Deja de poner el foco fuera y en cómo lo hacen otros para pararte a pensar qué es lo que consideras mejor para tu núcleo en conjunto, más allá de lo que sería la mejor opción para cada uno individualmente. Comparte y consensua con todas las personas implicadas. Y recuerda, las decisiones tomadas desde el amor a los tuyos, serán las correctas para vosotros.

Y tú ¿cómo lo ves? ¿cómo afrontas tu rol de cuidados? ¿tienes algún truco para compartir? Os leo en comentarios.

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