2020: te estaba deseando

Tenía muchas ganas de 2020. Y ya está aquí. Y aunque no lo he recibido como pensaba, sino moviéndome en una energía mucho más baja, lo acojo muy consciente y más madura.
Tania CaMon

Tania CaMon

Vamos a encontrar el equilibrio entre todas las áreas de tu vida.

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Aunque ya llevamos varios días en el nuevo año, es ahora, después de unos días de vuelta a la rutina, en la tranquilidad de un fin de semana casero, con la Navidad guardada en cajas, y solo algún polvorón de algún sabor que no le convence a nadie olvidado por la cocina, y que desaparecerá cuando esté tan duro que parezca más un arma arrojadiza que un alimento, cuando soy consciente de que por fin ha llegado.

Y lo estaba esperando. Y aunque pensaba que me iba a encontrar en un punto diferente, entiendo todo lo conseguido en el 2019, del que me despedía respirando, y lo que me he movido desde entonces. Y empieza a cobrar sentido esa frase que no sé si es de otra persona, pero que yo le he oído tantas veces a mi querida Hana Kanjaa, que sobrestimamos lo que somos capaces de hacer en un año, pero subestimamos lo que podemos alcanzar en diez. Y entiendo que en enero de 2019 inicié un camino de cambio que pensaba realizar en un año, pero que aunque no es así, sí ha sido un año vital para empezar a transitarlo, sin posibilidad de volver hacia atrás.

Tenía muchas ganas de 2020. Y ya está aquí. Y aunque quizá no lo he recibido como pensaba, sino moviéndome en una energía mucho más baja, sí lo acojo muy consciente y más madura. Quizá sea la madurez que dan los famosos 40 que voy a recibir en unos meses, que me han regalado señales en mi cara del paso del tiempo y de las experiencias vividas, y que aunque están más marcadas, tienen menos importancia que hace un tiempo. Porque lo realmente importante es que son marcas de que sigo aquí, y que me recuerdan que el tiempo pasa y que hay que aprovecharlo. Hay que vivirlo, pero vivirlo de verdad.

Vivir de manera coherente. Y aunque este año no quiero hacerme propósitos de esos que casi antes de llegar febrero ya están olvidados o nos sumen en las primeras frustraciones por no cumplir (y que tienen que ver con el top five de los kilos, la alimentación, el ejercicio físico, los malos hábitos y los idiomas) sí tengo claro que quiero incorporar o consolidar en mi vida rituales (que suenan mejor que las aburridas rutinas) que me hagan vivir de verdad. 

Lo primero de todo practicar el ho´oponopono. Es decir, trabajar el «lo siento, perdóname, te quiero y gracias». Conocí esta técnica hace unos meses, y cuando hace unas semanas le pregunté a mi hija mayor cuáles eran sus deberes de Navidad y me dijo que su profesor les había pedido que durante las vacaciones practicaran estas palabras, me entusiasmó. Claro que hay esperanza en la enseñanza pública. Y pensé que a pesar de la importancia de expresar agradecimiento, disculparse o decirle a las personas que quieres lo que sientes por ellas, no lo practico suficiente. Y he decidido empezar a hacerlo más.

Mi segundo objetivo para vivir el 2020 es hacerlo alineada con mis necesidades. Las mías, sin interferencias. Pensar menos en qué se espera de mí, y más en qué quiero yo, qué necesito para acostarme cada noche pensando que el día ha merecido la pena. Aunque haya sido malo, que los mundos de Yupi quedaron muy atrás en el tiempo.

Y hacerlo en todos los ámbitos de mi vida. Repartir mi tiempo entre todas las cosas que me importan: mi desarrollo profesional, tiempo de calidad con mi familia, relaciones con amigos, y por supuesto, tiempo para mí, para cuidarme y atenderme. Para disfrutar de mi compañía y de mis silencios. Porque he comprobado que solo en la calma de ese silencio, es cuando puedo escuchar claramente qué es lo que quiero, sin interferencias.

Y tiempo también para seguir conociendo personas extraordinarias y sus historias. Esto ha sido uno de mis grandes avances de 2019, vencer mi timidez aunque no siempre lo parezca, y lanzarme a conocer a personas, sobre todo mujeres, que han cambiado mi manera de ver muchas cosas. Y que me han enseñado tanto…Algunas de ellas han pasado a formar parte de mi vida, y esto, sin duda, me ha hecho más rica. Y quiero seguir engordando esa hucha.

También quiero vivir con menos, pensar realmente qué necesito, diferenciando de las necesidades que me voy creando o justificando. Tener una cena o almuerzo con compañeros o amigos no hace necesario comprar un modelito para la ocasión, no necesito bolsos de varios colores en varios tamaños, ni los últimos modelos de cada cosa. Porque me empeño en que mis hijas valoren las cosas, pero muchas veces se me olvida que ellas aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos, y quiero ser su mejor referente.

Además, necesitar menos me hace más libre. Una vez un amigo me dijo que el sería capaz de mudarse de un sitio a otro cada cierto tiempo llevando solo lo que le cabe en una maleta. Y yo me eché las manos a la cabeza. Y aunque sigo pensando que yo no podría hacerlo, sí empiezo a entenderlo y a sentir cierta envidia porque es más libre que yo.

Y por último, quiero practicar el merecimiento. Creerme que los los éxitos conseguidos son el resultado de mi trabajo y de mi esfuerzo. Que nunca he sido especialmente suertuda, y me alegro de no haberlo sido, porque sólo me debo gracias a mí misma, aunque a veces se me olvide.

Tengo lo que me merezco y lo que me he trabajado. Y estoy orgullosa por ello. Y no todo está como querría, pero sí voy tomando pequeñas o grandes decisiones y andando caminos, a veces con mucho miedo, que me van llevando a donde quiero. O si no es así, no pasa nada. Porque a veces gano y a veces aprendo.

Y ahora que lo he entendido, sigo caminando. Ahora por este nuevo año, tan redondo, y en el que tengo puestas grandes esperanzas. Y en el que tengo planeados grandes proyectos, pero esto ya será para otro día.

Y vosotros, ¿cómo habéis recibido el 2020?

 

4 comentarios

  1. Geniales esos propósitos de año nuevo. Yo aún estoy marcando los míos y, aunque voy con retraso como siempre, van en esa misma dirección. Gracias por tu reflexión que ayuda tanto a la mía.

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